En las aguas y en las Secas.

Sábado 11 de Mayo del 2013

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Amanezco tempranito, antes de que salga el sol. Tengo toda la intención de salir a regar y sentir el agua y el pasto húmedo, aun obscuro. Sábado. Al fin. Escucho los pájaros. Hoy las chachalacas cantan fuerte.

Justo cuando estoy por salir al jardín, en camiseta y calzones. Llega el jardinero, augh!!! Yo quiero hacer su trabajo! “Ni modos de que lo corra y le diga que se vaya”- pienso- “además la recogida de las hojas esta dura y estoy en calzones”- “augh, por que no mejor no viene el sábado” Augh. Ni modos! Escribo entonces.

-“No me está dejando nada que cortar, que regar, que recoger!”- Lo veo por la ventana.  El sol ya está casi arriba.  No se da cuenta que quiero que me deje algo y como me ve aquí en la cocina, a través de la ventana,  esta regando, cortando y recogiendo más de lo normal como para que me dé cuenta que es un buen trabajador.

Eso ya lo sé. No solo es un excelente trabajador, es también una persona simple con una filosofía de la vida integra. La tiene clara y no se anda con vueltas. Las ventajas de una vida más simple. Es uno de esos maestros que pone en perspectiva mi existencia. Me encantaría presentárselo a varios de esos que se dicen caballeros para que se ubiquen un poquito y vean que desde su posición privilegiada hay mucho más por hacer. Sueño guajiro.  

Son las 7 de la mañana y está aquí trabajando, admirable. Me relajo y fluyo pensando que ya encontrare alguna ramita que cortar mas tarde. Además hoy tengo que cocinar.

Este jardín es mío pero es más suyo que de nadie. Las cosas son de quien las hace florecer. Me relajo, tomo otro sorbo de mate, ya lavado, medio tibio, pero me gusta. Me siento agradecida y mientras lo veo trabajar a la distancia me recuerdo de una breve conversación que tuvimos hace un par de semanas.

-“Yo nunca tuve tierras, Pero fui bendecido con un buen patrón”- Reflexiona mientras que controla la manguera con un dedo y lanza el agua a decenas de metros, mucho más lejos que la mejor llavecita fancy regadora que pudiese existir. Solo con un dedo. -“Siempre me dio trabajo, en las aguas y en las secas”- Wow revelación.

-“Tengo siete hijos y he criado a dos nietos, soy afortunado,  todos me viven, no se me ha muerto ni uno, mi señora ahí esta también”-  dice mientras apunta a un árbol. –“Esos son palo blanco, les dicen, sabe pues como se llamen,  pero allá en el rancho se les conoce como palo blanco. Solo sirven para hacer bardas. Se secan luego luego y se ponen ligeritos, nomas que hay que estarlos cortando porque retoñan y rápido les salen hojas y raíces y pus ya no sirven pa’ bardas si se crecen, pero por ahora ahhhh que cochinero que avientan, si viera las semillitas esas que difícil sacarlas del fondo de la alberca”- Ah pienso. Palo Blanco. Cochinero. Me consta. Alberca, silly, pero gracias Diosito, que bonito es lo bonito, pero no es lo más importante.  

  “Pus, ya a esta edad le ayudo a mi hijo con sus jardines, allá en el Valle los sandilleros ya no ganan nada, imagínese doña,  1 peso el kilo de sandia!  Pus no sale.  También le sé al sorgo, al maíz, al mango, pus a todo lo que se da por acá y hasta allá,  hasta Acaponeta.” Dice como si fuese al otro lado del mundo.   –“Si viera como están los arboles llenititios de fruta, y ahí nomas se pierde todo. Pus mejor tiran todo a la basura pa’ que dizque,  no se les bajen los precios de la cosecha, y ni así sale. Mejor le ayudo a ‘mijo que ya además a mi edad,  pus ya no es lo mismo, ahora pus ellos son los fuertes y ahí luego le traigo unos manguitos, ya están re’ sazones”-

Don José tiene quizás unos diez anos más que yo. A  pesar de su piel curtida por el sol y su cabello entrecano y los anos de desgaste de la vida del campo, esta fuerte como una parota y muy probablemente esta mucho más satisfecho de la vida que muchos otros. Tiene cuadritos en el abdomen y se mueve como bailarín de ballet dando vida a la manguera y al rastrillo. En 30 minutos hace a la perfección lo que a mí me cuesta 3 horas de trabajo sudoroso y que además me queda horrible.

Mi admiración para él. Los verdaderos maestros del día a día.  

 

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